Di Chris Barlati
Hablar de la mafia fuera de Italia es siempre difícil, porque se tiende a negar que exista en cada rincón del planeta y a desacreditar a cualquiera que pronuncie esta palabra. En países como Francia y Alemania, por ejemplo, refiriéndonos a la "democrática" y "libre" Europa, hablar de mafia como autor independiente o periodista equivale a pegarse un tiro en el pie: te acusan de ser conspiracionista o visionario con la intención de difamar al país, y si no vas a la cárcel seguro que pasas por tribunales y censuras (ejemplar es el caso de Petra Reski).
Sin embargo, entre nigerianos, turcos, marroquíes y marselleses, la criminalidad de París y Berlín nunca ha tenido nada que envidiar a la italiana; es más, si se mira bien, por violencia y degradación es incluso peor.
Lo mismo vale para América Latina, donde hablar de "pandillas" es algo muy común, pero cuidado con definir a los "narcos" como grupos paramilitares vinculados con Estados Unidos, que reciben armas, componentes químicos para la refinación de drogas y entrenamiento militar en territorios de conflicto: lo importante es que se les haga pasar por simples delincuentes de bajo nivel, que actúan gracias a la corrupción de los países de Centro y Sudamérica, cuyo único objetivo es producir droga, traficar con niños y órganos.
Poner en evidencia el vínculo comprobado entre quienes producen las armas (empresas de la OTAN) y quienes, paradójicamente, logran conseguir en medio de densos bosques esas mismas armas (¿las compran, acaso, en Amazon?) –lanzacohetes, tecnologías y equipamientos de última generación– expone a riesgos de represalias, "suicidios" y a una persecución judicial interminable. Miren lo que le pasó a Maduro, acusado, por pura fantasía, de ser narcotraficante (¿acaso la cocaína se cultiva en las playas?). O miren lo que nos pasa a nosotros, los autores independientes, acusados de ser espías rusos, ucranianos, palestinos o iraníes.
Es por estas razones que quien les escribe ha preferido acuñar un término más técnico y específico –"sistema criminal integrado transnacional"– que ha sido acogido con grata sorpresa a nivel internacional y que se adapta perfectamente al caso de América Latina y a la imposición de tantas marionetas pro Trump, en verdad "asesinos económicos", cuyo único objetivo es proceder a la liquidación de los recursos naturales y de la empresas de estado (mirad lo que está pasando en Argentina con Milei), y a la represión disfrazada de "orden", previa financiación de grupos mercenarios (¿alguien recuerda la triangulación de la P2 de Licio Gelli "Europa-Estados Unidos-América Latina"?).
Porque es cierto, la mafia es un fenómeno humano, una manifestación concreta del poder ejercido a través de la prepotencia, la violencia y toda forma de coerción: física, económica y psicológica, similar en sus diversas manifestaciones, pero nunca idéntica, ya que se adapta a los factores ambientales, sociales y culturales de cada país.
LA CONEXIÓN HONDURAS
El caso que trataremos en este análisis es el de Honduras, en concreto el Honduras Gate, porque hablaremos de una ''mafia'' muy peligrosa, que es reflejo – como siempre – tanto de la política nacional (filosionista y filoatlántica) como de los intereses internacionales (sionistas y atlánticos), y que actúa mediante sobornos y dinámicas de ''mafia agrícola'' para quedarse con los dos bienes más valiosos de América Latina y el Caribe: la tierra y el agua.
Este testimonio, referido a hechos ocurridos hace más de veinte años, corrobora las filtraciones de Honduras Gates y los vinculos del narcotráfico con la política de guerra, el sionismo y con las infiltraciones en comunidades religiosas, para dirigir, con el miedo, contra los grupos de izquierda con el fin de crear un casus belli y 'depurar' los espacios de interés para garantizar el cultivo de coca (¿cuántos agentes de la CIA están presentes y 'vigilan' las 'pandillas'? Demasiados).
El oro azul de Honduras
Tierra, mucha tierra, y muy fértil, encontramos en esta historia, al lado de Santa Bárbara. En particular, una porción de tierra de más de 200 hectáreas (280 campos de fútbol, por un valor de 40 millones de euros), atravesada por dos manantiales de agua (valorados alrededor de 80 millones de euros), que hacen de ese epicentro específico un lugar estratégico para los pueblos de alrededor, además de un pequeño y fertilísimo paraíso, apto incluso para plantar coca.
También encontramos a una familia evangélica, dedicada desde hace medio siglo a la agricultura y a la industria agrícola, conocida por su rectitud y por la sencillez de su día a día. Y, como telón de fondo, Honduras: un país que desde hace unas cuatro décadas vive sumido en una estrategia de parcelación criminal, a base de invasiones, engaños y corrupciones que involucran a tribunales, ejércitos y gobiernos; porque la tierra y el agua, en esas zonas, valen más que el petróleo, siendo la fuente de vida no solo para las poblaciones autóctonas, sino el punto estratégico y necesario para ejercer el poder coercitivo y, en el peor de los casos, para la refinación de drogas.
La confirmación del caso Honduras Gate: la violencia como forma de control, la manipulación de las iglesias evangélicas, el narcotráfico y la corrupción
Justificar la ocupación de tierras con el argumento de una equitativa redistribución de la riqueza es un recurso recurrente en el manual de las organizaciones criminales. Podríamos llamarlo la estrategia del lobo con piel de cordero, o también de la "mafia dell'antimafia".
Este caso específico, sin embargo, involucra elementos y dinámicas que encontramos directamente en el Honduras Gates, y que son:
· La violencia como forma de control;
· La instrumentalización coercitiva de las iglesias evangélicas;
· La organización de atentados y disturbios que se atribuyen falsamente a la izquierda (los falsos comités de campesinos que reclaman la tierra, en realidad marionetas de los narcos);
· La intención de aislar porciones específicas del territorio de la administración pública, aprovechando sus características geográficas particulares;
· La corrupción en los tribunales, que se manifiesta a través de 'errores' sistemáticos, retrasos y disfunciones de la administración;
· Un vínculo directo entre la política ultraliberal de extrema derecha, la retórica de la privatización, el sionismo y el narcotráfico;
· La intervención ausente o selectiva de las instituciones en materia ambiental.
Conviene precisar, de cara al párrafo que sigue, que las 200 hectáreas objeto de nuestro análisis limitan con un bosque maravilloso. Este penetra directamente en el terreno, creando una frontera muy tenue con la tierra de la que irrumpen los 'campesinos'; una auténtica difuminación territorial, la del bosque, que hace incierta cualquier definición legal y que permite a los narco-campesinos, apoyados en la corrupción desbordante, apropiarse progresivamente de metros y metros de tierra (el viejo jueguecito del usufructo o de la usucapión con la complicidad de un juez corrupto).
La acción de los ocupantes, a un ojo atento, no parece en absoluto casual, ni mucho menos justificable como una simple "necesidad" de cultivar la tierra para alimentarse. Al contrario, avanza de manera progresiva y lineal, siguiendo una trayectoria precisa hacia las fuentes de agua y luego a lo largo del curso de los ríos. Un movimiento que revela sin ambigüedad su verdadero propósito: llegar a los manantiales para tomar el control de los flujos de riego y así revender —mediante extorsión— el agua y su acceso, manteniendo sometidos a los dieciséis o diecisiete pueblos de los alrededores. El objetivo final es claro: proceder sin obstáculos al cultivo de cocaína, hoy, en 2026, más floreciente que nunca en Santa Bárbara y en los pequeños pueblos de provincia. A esto se añade la inminente privatización del agua en Honduras, que deja claro quién podrá comprarla, dado que ya se ha convertido en "propiedad privada".
El mapa del narcotráfico en Santa Bárbara: cultivos de coca en bosques y cerca del agua
La evidencia documentada por la prensa hondureña y las propias autoridades de seguridad, junto con la dinámica regional del narcotráfico, permite sostener la hipótesis que el departamento de Santa Bárbara se ha convertido en un punto crítico para el narcotráfico en Honduras. Ya no es solo una zona de tránsito, sino un área donde se cultiva la hoja de coca y se procesa la droga, siguiendo un patrón que las operaciones de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional han hecho evidente: los cultivos crecen dentro de bosques y siempre cerca de fuentes de agua.
Los narcotraficantes buscan deliberadamente terrenos apartados para evadir la vigilancia, pero también requieren, como condición fundamental, fuentes de agua o acceso fácil para regar las plantaciones y abastecer los laboratorios.
Según el informe "¿Cultivo de coca desde Sudamérica, expansión hacia el norte?", publicado en marzo de 2024 por el Centro Internacional de Análisis contra el Narcotráfico Marítimo (CMCON) de la Armada de Colombia, Honduras –al igual que otros países de Centroamérica– resulta a veces superior, por su clima, topografía y disponibilidad de tierras, a las regiones andinas tradicionales para el cultivo de coca. El informe añade que los narcotraficantes han llevado ingenieros colombianos al país para convertirlo en un nuevo epicentro de este cultivo, superando incluso a las propias zonas andinas.
El verdadero significado de 200 hectáreas: territorio, no plantación
Cuando los narcotraficantes se apoderan de 200 hectáreas en Honduras no están pensando en un simple cultivo, están construyendo un territorio autónomo: un feudo donde la ley no entra y donde el control lo imponen ellos. Este es el modelo que ha transformado el narcotráfico en una crisis de ocupación territorial.
Desde un punto de vista técnico, la lógica es precisa: no se siembra todo de una vez. Los narcotraficantes saben que el cultivo intensivo de coca degrada el suelo de forma irreversible en aproximadamente quince años, volviéndolo estéril. Por eso rotan las parcelas, siembran de manera fragmentada y dispersa, en áreas de una o dos manzanas. Esta fragmentación les permite evadir tanto la detección por satélite como los sobrevuelos de las autoridades.
Pero, el verdadero propósito de controlar 200 hectáreas va mucho más allá de la cosecha. Dentro de ese perímetro, los narcotraficantes construyen un centro de operaciones completo. Pueden tener cultivos activos de coca en una zona; parcelas en barbecho o ya degradadas en otra; narcolaboratorios móviles para procesar la pasta base; pistas de aterrizaje clandestinas para recibir precursores químicos o enviar la droga; y campamentos fortificados para los narcos que protegen todo el complejo.
Y si todo esto parece una locura, pues aquí les dejamos con el testimonio exclusivo de nuestra fuente.
ENTREVISTA A NUESTRA FUENTE
En estos casi 40 años, ¿qué ha significado tener que soportar la ocupación ilegal por parte de falsos campesinos que han dependido de los narcos?
«Es pesada esta pregunta: que te quiten ese poquito que vos has hecho, que con grandes esfuerzos tus abuelos sudaron mucho para obtenerlo, y saber que hay desconocidos que se apropian ilegalmente de estas tierras, y que se las aseguran de otra forma para vendérselas a terceros... Eso pega duro, no ha sido fácil vivir con esto.
Una vez secuestraron a un ingeniero que estaba tomando las medidas de la tierra para trazar los límites: lo secuestraron, y eso también es bien pesado, porque nos preocupamos mucho de que lo hubieran matado o que quién sabe qué le pasó, porque en mi país siempre se piensa lo peor en estas circunstancias, dado que nunca ha habido una cosa buena, o mejor dicho poquísimas cosas buenas, ya que esto pasa seguido... Hay muchos asesinatos para poder acaparar el monopolio del mercado de la tierra, o sea del agua y de las materias primas; y, repito, esto pesa».
¿Qué sientes ahora?
«No ha sido fácil vivir todo esto durante todo este tiempo. Hay que mantener la calma, ser muy creyente en Dios, tener mucha fe para sobrevivir a todos estos problemas. Y no ha sido fácil para la familia tener que huir de sus casas porque unos ocupantes te amenazan, hostigan a tus seres queridos, secuestran a tus mujeres: esposas, novias, hijas».
¿Qué gobierno ha ayudado históricamente a los campesinos y a tu comunidad hasta este momento?
«En dos siglos, ningún gobierno se ha interesado en proteger a mi gente, y en los últimos 20 años los ocupas siempre han buscado ubicarse cerca de la fuente de agua para abastecerse en perjuicio de algunos pueblos. Mi abuelo y mi tío nunca tomaron a mal que robaran agua de sus fuentes, pero ahora que todo ha tomado otra ruta, ya que esos “campesinos” se han vuelto millonarios, y a nosotros nos están extorsionando casa por casa, pagando un subsidio de agua que no les corresponde a ellos, sino a mi familia, la cosa ha empeorado. Y pega muy fuerte, y no es para cualquiera enfrentarlos. Somos personas que creemos en Dios y esperamos que un día se haga justicia y que esas tierras regresen a los nietos, ya que mis abuelos han muerto. Pero bueno, esa es la vida que hemos llevado, y mira dónde estoy yo ahora».
¿Y de los gobiernos de los cuales tienes memoria?
«Los tribunales nos abrieron puertas con el gobierno de Xiomara Castro, de izquierda, y pudimos encaminarnos un poco. Pero, luego que entró de nuevo la derecha, y esto se volvió a parar. Ahora estamos parados ahí y esperamos poder seguir adelante».
Para leer la primera parte:
Honduras Gate: la confirmación de la estrategia militarista del sionismo internacional
https://sadefenza.blogspot.com/2026/06/honduras-gate-la-confirmacion-de-la.html


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