Chris Barlati
Sánchez, novato torpe de la política, está ya al borde del abismo. Aislado de los prudentes consejos de Zapatero – quien, a su vez, ha sido recientemente sacudido por un artificioso y grotesco procedimiento judicial urdido en Estados Unidos y guardado durante años en los cajones de su (in)justicia – el presidente español deambula desorientado, impotente ante los chantajes de Marruecos y Estados Unidos, incapaz de tejer mensajes de distensión o siquiera de esbozar un amago de reacción; elocuente señal del bagaje y el ingenio que distinguen a los incondicionales que lo rodean.








