España está bajo ataque. No en la figura del presidente Pedro Sánchez —mera síntesis de intereses nacionales, internacionales y transnacionales—, sino en la de País, de sistema de poder, de resistencia al culto esoterista de la destrucción del "Viejo Mundo" (el Viejo Continente) en favor del Nuevo: el atlantismo sionista.
La política de la OTAN, después de todo, es exacerbar los puntos de conflicto. ¿Y qué mejor manera de inaugurar la guerra nuclear que el cierre del Mediterráneo? Basta con provocar un enfrentamiento entre el monarca Mohammed VI y la Monarquía parlamentaria española.
Cerrado el Mediterráneo, Europa estará en manos de Trump. Y sus partidos de sionistas y belicistas, atados a Reino Unido, no espera otra cosa: cortar los cables que pasan por Gibraltar, acusar a los rusos de la invasión de Ceuta, activar las células terroristas de los discapacitados mentalmente escindidos reclutados por Telegram, los nihilistas "satanistas" (764), y colocar las bombas. El juego está hecho.








